Srebrenica. Memoria de un genocidio

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Srebrenica, portada del webcomic de Joe Sacco

Hoy, como cada 11 de julio desde que se abrió el cementerio bosnio de Potocari en 2003, miles de personas acudirán a recordar a sus familiares. También se dará sepultura a las 176 víctimas identificadas en el último año y se celebrará un gran funeral en su memoria. En este cementerio cercano a Srebrenica, se han enterrado a 7.261 personas de las 8.373 desaparecidas en la mayor masacre en Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. “Los muertos traen de vuelta a los vivos”, dice Joe Sacco al representar en dibujos la llegada de gente para homenajear a las víctimas estos días de julio en Srebrenica, su primer cómic digital publicado por Acuerdo hace unos meses.

Se cumplen 20 años de la entrada de las fuerzas serbias en el enclave protegido de Srebrenica, donde se concentraban más de 40.000 refugiados en condiciones míseras que escapaban de la limpieza étnica practicada por las milicias que dirigían Radovan Karadzic y el general Ratko Mladic. Tres años después del inicio de la guerra en Bosnia-Herzegovina, los bosnios musulmanes creían que Srebrenica era una zona segura bajo la protección de Naciones Unidas. Pero ni los cascos azules holandeses ni la comunidad internacional se implicaron en salvar a los civiles cuando los paramilitares serbios irrumpieron el 11 de julio en 1995, separaron a los hombres en edad militar de sus familias y les ejecutaron en los días siguientes.

Viñeta de Srebrenica, el cómic digital de Joe Sacco

Como se conmemora el 20 aniversario, los representantes de la comunidad internacional visitarán Srebrenica este año para celebrar actos solemnes en los que declararán que estos crímenes contra la humanidad no pueden repetirse jamás. Son las mismas voces que hace 20 años exclamaban que nunca más se repetiría el holocausto nazi en el 50 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial. Son los poderosos, tan bien “servidos por los medios de comunicación de masas o por sus órganos de propaganda”, que no interesan a Sacco pero sí cómo ese poder actúa en la vida de la gente normal. Hay que cuestionar un poder que “saca lo peor de la gente”, explica en el prólogo de Reportajes.

“Me preocupo sobre todo de aquellos cuya voz rara vez es escuchada”, escribe también Sacco en su prólogo-manifiesto. Los reportajes de Sacco narran la vida cotidiana de la gente común en tiempos de guerra. Pero en Srebrenica hacen memoria. Sacco da voz a los supervivientes de la matanza: a Mevludin Oric, que sobrevivió a un pelotón de fusilamiento y se hizo el muerto durante horas mientras escuchaba la matanza a su alrededor; a Kadira Gabeljic, que recuerda la última vez que vio a su marido e hijos cuando huían campo a través como otros miles de hombres, antes de enterrarlos en Potocari. También escuchamos a los negacionistas serbios, que contradicen los testimonios de los supervivientes al asegurar que se exageró la dimensión de la masacre.

Como un personaje más del cómic, el autor constata que no ha desaparecido el odio entre serbios y bosnios. Veinte años después, Sacco ha regresado a los Balcanes para escuchar las historias de las víctimas y de los verdugos. Se mantienen las sospechas entre los vecinos de las 2 comunidades a las que entrevista. En sus testimonios no hay perdón ni arrepentimiento. Tampoco justicia ni la reparación que reclaman las víctimas. En este ambiente de desconfianza mutua, no parece que la reconciliación pueda llegar pronto.

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Este dibujante que hace periodismo considera que su labor consiste en acercarse lo máximo posible a la verdad. No cree en la objetividad pero sí en la honestidad de su trabajo. “El periodista debe empeñarse en descubrir qué pasa y contarlo, no castrar la verdad en nombre de la neutralidad”. Y suele citar a Robert Fisk cuando afirma que los periodistas deberían ser neutrales y objetivos en favor de los que sufren.

Sacco interpreta la realidad a través de sus dibujos con afán de veracidad. Nos traslada al ambiente de la posguerra bosnia gracias al detallismo con el que representa los personajes y los escenarios de su reportaje, que contrasta con la estética de cómic underground habitual en sus obras, una influencia del maestro Robert Crumb. Partidario del slow journalism, Sacco se toma el tiempo necesario para contar sus historias, sin prisas ni urgencias.

Dibujo de Srebrenica, webcómic de Joe Sacco

 

Las heridas abiertas de Bosnia

Como explica Sacco, los acuerdos de paz de Dayton firmados a finales de 1995 dividieron Bosnia en 2 entidades autónomas: la República Srpska y la Federación de Bosnia y Herzegovina. Srebrenica forma parte de Srpska, la región gobernada por los serbios de Bosnia. Si antes de la guerra vivían en Srebrenica más de 30.000 personas, la mayoría musulmanas, ahora sólo tiene unos 7.000 habitantes, la gran mayoría serbios. De hecho, habrá más muertos que vivos en la zona cuando se identifique y entierre en el cementerio de Potocari a las más de 8.000 víctimas de la masacre. Y no resultará fácil que todos los deportados que huyeron de la limpieza étnica serbia, regresen algún día a sus hogares.

Durante la guerra de Bosnia, desaparecieron más de 30.000 personas. A pesar de que se ha recuperado e identificado a la mayoría de las víctimas, todavía queda mucho trabajo para la Comisión Internacional de las Personas Desaparecidas: hay que desenterrar los restos ocultos en fosas comunes y seguir con el lento proceso de identificación de los desaparecidos para entregárselos a las familias. Además, las víctimas se niegan a que los crímenes de guerra queden impunes. Piden verdad, justicia y reparación.

 

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