Nunes, pasión por el cine a contracorriente

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La censura, la burocracia legal, la falta de financiación, las convenciones de la industria, los fracasos comerciales… Todos los impedimentos reafirmaban a José María Nunes en el empeño de hacer cine, que consideraba antes un sentido -el séptimo sentido- que un arte. “Mi familia es el cine. El cine es toda mi vida”, decía para evidenciar su entusiasmo por el cine como medio para transmitir sus ideas. Pero a Nunes apenas se le recuerda hoy. Como en el caso del documentalista Llorenç Soler, su cine ha caído en el olvido. Contra esa falta de reconocimiento, este post como ejercicio de memoria sobre un cineasta que se propuso romper todas las barreras que se encontró durante su vida.

El dominio de la técnica cinematográfica. Nunes, que nace en Faro (Portugal), vive en Barcelona más de 60 años. De origen obrero, se instala con su familia en una barraca de Montjuïc al llegar a la ciudad en la posguerra. Ayudante de dirección, script, guionista, montador, actor… Consigue una sólida formación técnica a base de trabajar en los más diversos oficios en la industria barcelonesa de los años 50. “Él se desdobla, se multiplica. Quiere hacerlo todo en el cine, y hacerlo todo bien, con un gran sentido de la responsabilidad, de la profesionalidad”, decía Llorenç Soler. Nunes trabaja en una treintena de películas antes de dirigir su primera película. Y con el dominio alcanzado tras ese proceso de aprendizaje, romperá radicalmente con el cine en el que había ejercido antes todos los oficios posibles.

Cartel de Gritos a ritmo fuerte, documental de Nunes sobre la escena de grupos de rock en Barcelona en los años 80

Gritos a ritmo fuerte (Nunes, 1984)

Un cine sin concesiones.  Desde su primera película a finales de los años 50, Nunes se labra una trayectoria de cineasta atípico, de una originalidad a años luz del cine español de la época. Entonces la crítica ya señalaba a Nunes como un cineasta que seguía su camino sin importarle los que seguían los demás. Era creador de propuestas experimentales que exploraban el lenguaje cinematográfico a base de atacar también las convenciones sociales y familiares. Según el crítico José Luis Guarner, “el gusto de Nunes por la marginal dejó de ser provocación para erigirse en vocación”.  Y añadía que Nunes era creador de “un cine desordenado, discursivo, vehemente, rabiosamente personal, de una sinceridad a flor de piel”.

El suyo es un cine de ideas, que “permite varias interpretaciones y puede alcanzar múltiples sugestiones poéticas”, escribía Joan M. Minguet en Nunes, el cineasta intrèpid,  un texto imprescindible para quien quiera adentrarse en su obra y que reivindica la valía de su trabajo artístico.  Minguet razona que el director no pretendía reflejar la realidad en sus películas, sino crear la representación de una realidad abstracta, la del autor. En sus películas, Nunes quería reflejar su verdad, no la realidad. Y esa verdad exigía un esfuerzo por parte de los espectadores, a los que Nunes provocaba con su espíritu atrevido e irreverente. Un cine minoritario que nunca buscó acomodarse a los cánones del cine comercial.

El actor Josep Maria Blanco en una escena de Res Publica (2010), última película de José María Nunes

Escena de Res Publica (Nunes, 2009)

En busca de la libertad absoluta. De discurso humanista y sensibilidad anarquista, Nunes afirmaba que “el anarquista no quiere vencer, no quiere alcanzar el poder” por lo que se oponía a militar en cualquier organización anarquista al rechazar toda estructura de poder, como explica en esta entrevista sobre el anarquismo. Pero no hay que olvidar su colaboración en la experiencia del Salón Diana como centro de la Asamblea de Trabajadores del Espectáculo vinculada al movimiento libertario en los años de la contracultura barcelonesa. “La libertad no me la ha quitado nunca nadie”, decía alguien que siempre se había sentido libre, incluso cuando la censura franquista entorpecía la producción de sus películas.

Siempre fiel a sus ideas y principios. Nunes supo vivir sin venderse, recordaba el antropólogo Manuel Delgado tras su muerte en 2009, justo después de terminar su última película, Res Publica, en la que quería justificar la libertad de una persona para disponer de su propia vida. La película está interpretada sólo por Josep Maria Blanco, amigo y cómplice de tantos proyectos arriesgados de Nunes. Al tratarse de una historia en la que un hombre explica su suicidio, el director se encontró con las adversidades de siempre: “La idea de la muerte está muy mal considerada entre los vivos”, decía cuando se refería a los problemas de financiación de Res Publica, un proyecto inacabado desde hacía 20 años por la falta de apoyos.

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¿Pionero del cine low cost? En el contexto actual de crisis, se da un auge de producciones al margen de la industria, con una generación de cineastas low cost que hace las películas que puede a falta de ayudas y de la imposibilidad de acceder a la industria. No era el caso de Nunes y tantos otros, que hacían las películas que querían a pesar de todos los obstáculos.

Nunes hacía cine cuando podía. Y como podía. Pensaba en imágenes constantemente y, en consecuencia, escribía películas, aunque terminara por no hacerlas. Sin embargo, el cineasta se lamentaba de todas las películas que no había podido filmar. También opinaba que la censura actual no es de prohibición, sino de no carecer de medios para hacer una película. Pero gracias al dinero aportado por amigos y conocidos puede sacar adelante varios de sus proyectos. Además, en sus últimos proyectos, Nunes descubre las nuevas tecnologías digitales, que le permiten seguir dirigiendo con un coste muy reducido pero con la misma libertad creadora.

Los protagonistas de Noche de Vino Tinto durante una escena de la película dirigida por José María Nunes

Secuencia de Noche de vino tinto (Nunes, 1966)

La coincidencia con la Escuela de Barcelona. De los encuentros entre unos cineastas con intereses similares pero estilos diversos, surge la Escuela de Barcelona en los años 60. Pero el único con experiencia y capacidad contrastada en la industria del cine era Nunes, que conectaba con sus inquietudes de experimentación, pero al que no le gustaban las adscripciones a ningún grupo. Además marcaba distancias cuando decía que era el “patito feo” en el mundo de la Gauche Divine barcelonesa. No obstante, décadas más tarde reivindicaría las obras del colectivo: “En el cine español se habrán hecho muchas y mejores películas que las nuestras. Pero nadie nunca se atrevió a cometer tantas equivocaciones. Sólo nosotros hemos afrontado y creado el caos, el desconcierto, la sorpresa y la poesía”, según Nunes.

Cartel de Sexperiencias, película de José María Nunes

Sexperiencias (Nunes, 1968)

Sobre la denominación de aquel movimiento que proponía un cine que no tuviera nada que ver con el país, Nunes decía: “Hago cine de Barcelona, no cine catalán” para rechazar los intentos del nacionalismo catalán de crear una etiqueta de Nuevo Cine Catalán por oposición al Nuevo Cine Español tan en boga entonces. Y añadía: “No sé qué son los nacionalismos; en todo caso defendería el nacionalismo del barrio, de la casa, de la taberna y de nosotros aquí y ahora: eso sí es nacionalismo. Nunes no entendía “eso de levantar fronteras”. De la reivindicación de Barcelona por encima de Catalunya, también se refería Pere Portabella, que prefería “la catalanidad de las vanguardias, la de la imaginación y la de reivindicar el hecho nacional desde un prisma de modernidad” frente al nacionalismo de la burguesía catalana, como se recoge en La escuela de Barcelona. El cine de la Gauche Divine, ensayo de referencia escrito por Esteve Riambau y Casimiro Torreiro.

 Si quieres conocer mejor su obra:  Anarquía audiovisual. Los vídeos de Nunes

 

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