Ni vivos ni muertos: Los desaparecidos no existen

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Parte del cartel de Ni vivos ni muertos, un documental de Luis Ramírez Guzmán y Federico Mastrogiovanni sobre la desaparición forzada en México.

“Si no están, no existen, y como no existen no están. Los desaparecidos son eso, desaparecidos; no están ni vivos ni muertos; están desaparecidos”, decía el dictador argentino Jorge Videla. Cuando se habla de desapariciones forzadas, recordamos las dictaduras de Argentina o Chile. Pero es ahora en México donde este crimen alcanza una dimensión salvaje con cifras propias de un país en guerra y no de una democracia. En el contexto de la guerra contra la delincuencia declarada por el presidente Felipe Calderón en su mandato de 2008 a 2014, se disparan las desapariciones. A falta de datos exactos, más de 30.000 personas han desaparecido en los últimos 8 años pero la cifra podría ser mucho mayor porque la gran mayoría de desapariciones no se denuncian.

El Estado mexicano no tiene la voluntad política de resolver los casos abiertos. Tampoco asume su responsabilidad en la estrategia de terror basada en la desaparición de miles de personas. Cada vez más, se acusa al Estado de formar parte de un sistema corrupto en el que colabora con el narcotráfico y otros grupos del crimen organizado. Políticos, militares, policías y funcionarios como socios de empresarios, mafiosos y sicarios en un país donde se violan los derechos humanos y civiles a diario. Frente a ellos, quienes señalan la impunidad de la violencia: familiares de desaparecidos, activistas sociales, periodistas y colectivos de derechos humanos que exigen verdad, justicia y reparación.

Pancarta de una manifestación en protesta por la desaparición de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa (México)

Imagen de Sapdiel Gómez Gutiérrez con licencia CC BY-SA 2.0

Periodismo de denuncia contra el terrorismo de Estado

Cubierta del libro Ni vivos ni muertos, reportaje periodístico de Federico Mastrogiovanni sobre la desaparición forzada en México como estrategia de terror“Cada uno de los desaparecidos es nuestro, nos pertenece, nos lo arrebataron y merece ser encontrado”, escribe Federico Mastrogiovanni. Ni vivos ni muertos es un proyecto que impulsa este periodista italiano con la colaboración del documentalista Luis Ramírez Guzmán entre otras personas. Después de 3 años de trabajo, el reportaje publicado por Grijalbo en 2014 complementa el documental, desarrolla algunas de las ideas apuntadas  y explica otras historias de desaparecidos no incluidas en el audiovisual.

Si el objetivo inicial era hacer un documental sobre los migrantes centroamericanos desaparecidos en tránsito de su viaje a Estados Unidos, la magnitud de la tragedia les obligó a ampliar el foco de su investigación: hoy cualquiera puede ser la próxima víctima en México. Con Ni vivos ni muertos, se proponen romper el silencio sobre esta realidad oculta hasta hace poco y plantean la necesidad de tipificar la desaparición forzada, un delito que las autoridades disfrazan como secuestro o privación ilegal de libertad porque la desaparición implica la participación -por acción u omisión- de funcionarios públicos.

La libertad de prensa está amenazada en México. Los periodistas pueden ser víctimas de desapariciones, torturas y asesinatos, como demuestra el reciente asesinato del fotoperiodista Rubén Espinosa junto a 4 mujeres. En uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer esta profesión, el valiente proyecto de Mastrogiovanni también se propone “trazar un mapa del fenómeno de las desapariciones forzadas” con el que visibilizar una tragedia silenciada hasta la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa. Tras una movilización ciudadana sin precedentes todo indica que ya nada será igual en México después del crimen de Ayotzinapa. ¿Pero cuándo acabará la impunidad de la violencia estatal?

Una espera interminable: El duelo de los familiares

“Vivos se los llevaron, vivos los queremos” exigen las familias en busca de la verdad sobre el paradero de los desaparecidos. Pero se topan con unas autoridades que no escuchan sus demandas ni resuelven los casos abiertos. “Váyase a su casa y deje las cosas como están”, es la respuesta usual para evitar las denuncias. Entonces llega el temor que paraliza cualquier pesquisa para no perjudicar al desaparecido en la búsqueda. Un miedo que no impide que muchas familias acaben investigando por su cuenta. Quieren acabar con el duelo porque “mientras te nieguen la posibilidad de encontrarlo, te niegan la posibilidad de vivir” dice una madre. También son víctimas que viven con la ausencia a diario y que no descansarán hasta dar con sus hijos.

Los familiares se enfrentan a unas autoridades que no sólo rehúyen su responsabilidad, sino que además criminalizan a los desaparecidos, a quienes vinculan con la delincuencia organizada. Ese “algo habrá hecho” que siembra el Estado para provocar la desconfianza, germina en los medios de comunicación y en la opinión pública. Procuran alentar la sospecha con un objetivo: acallar las protestas.

Manifestación de los estudiantes de la UNAM en protesta por la desaparición de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa (México)

Estudiantes con Ayotzinapa | Imagen de Montecruz Foto con licencia CC BY-SA 2.0

Aniquilando la resistencia popular. La estrategia de criminalización se ejecuta sobre todo en los Estados mexicanos donde los movimientos sociales se oponen a los planes gubernamentales. Por ejemplo, el Estado de Guerrero con una tradición de lucha activista por la justicia social y contra las desigualdades. Allí los estudiantes de las escuelas normales rurales, como los 43 de Ayotzinapa, protagonizan la resistencia de las zonas rurales en defensa de unas condiciones de vida dignas. La respuesta institucional es la represión y la eliminación de estos grupos rebeldes.

Mastrogiovanni apunta que el sistema de terror de las desapariciones forzadas nace con la Alemania nazi, que crea un instrumento de eliminación –el decreto Noche y Niebla– de los adversarios políticos que no deja ningún rastro ni prueba. Pero ahora también es una tradición mexicana, una práctica estatal con la que perseguir a la oposición y castigar toda protesta social. De esta política del terror para controlar el territorio mientras se ejerce una violencia impune, se aprovechan ahora las empresas transnacionales que explotan los recursos naturales de unas tierras ricas mientras se despoja y expulsa a sus habitantes, según la tesis de Mastrogiovanni.

Ni vivos ni muertos, el documental (Luis Ramírez Guzmán y Federico Mastrogiovanni, 2014)

 

2 comentarios

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