Llorenç Soler, la voz de los sin voz

4

llorenc-soler-documental

El cine de Llorenç Soler da voz a colectivos marginados y excluidos. A minorías oprimidas –e invisibles- para los medios de comunicación y la industria del cine. En sus documentales, Llorenç Soler se acerca a los emigrantes llegados a la Barcelona de los años 70, a la comunidad gitana perseguida por su forma de vida, a los presos comunes encerrados en las cárceles españolas y un largo etcétera. Les filma con respeto y humildad porque “el documentalista tiene la oportunidad de dar la palabra a quienes nunca la tuvieron, a quienes nunca fueron escuchados”, explicaba el cineasta. Son voces que Soler hace suyas porque comparte la lucha por la dignidad de los nadie en un trabajo de visibilización al que nadie ha dedicado tanto esfuerzo en nuestro panorama audiovisual como él.

Mientras la Gauche Divine jugaba a ser Godard entre copa y copa en Bocaccio, Llorenç Soler denunciaba la miseria social, política y económica de la España del franquismo. En unos tiempos donde no existía la libertad de expresión, información ni opinión, sus trabajos más personales debían proyectarse en la clandestinidad para esquivar la censura. Soler estaba empeñado no sólo en practicar un cine combativo contra la dictadura, sino también en retratar un mundo de explotación y de miseria inherentes al sistema. Es decir, el cine entendido como una herramienta de intervención sociopolítica contra el franquismo y el capitalismo. Y siempre con la voluntad de escapar del control de las instituciones y de los circuitos comerciales.

llorenc-soler-2Dedicado al documental desde hace medio siglo, el compromiso ético de Llorenç Soler va ligado a su experiencia con Helena Lumbreras, cofundadora del colectivo Cine de Clase que se proponía “filmar sueños de personas que estaban luchando para conseguir mejorar sus condiciones de vida”. Gracias a la influencia de Helena Lumbreras, Soler descubre en los 70 un cine militante que lucha contra la propaganda de las clases dominantes y que está dispuesto a dar guerra con sus cámaras “desde el otro lado de la trinchera” de la ideología hegemónica. También durante los últimos años del franquismo nacen plataformas como la Cooperativa de Cinema Alternatiu y la Central del Curt para hacer viable la producción, distribución y exhibición de ese cine alternativo. Otro cine era posible: un cine de contrainformación con una propuesta clara de ruptura con la cultura oficial y las estructuras habituales de difusión de la industria.

Un cine de denuncia social con afán de experimentar

“Hacer un cine transparente, sin recovecos, que todo el mundo pueda entender”, era una de las preocupaciones principales de Llorenç Soler. Esa aspiración no va reñida con la intención de experimentar con las imágenes, una necesidad vital para Soler. La voluntad de “hacer inteligible el mensaje social y político de mis filmes presidía mi trabajo de documentalista y traté de implantarla en otro cine que, siendo igualmente mordaz y agresivo, fuera capaz de servirse de un lenguaje más experimental”.  De formación autodidacta, Soler consigue un dominio de las técnicas audiovisuales que le lleva a huir de la narrativa convencional del documental en busca de nuevos caminos de expresión.

llorenc-soler-libro-2Pero “todo el cine que yo hacía como experimental no consistía en la experimentación por la experimentación, no era la experimentación gratuita para jugar con formas o jugar con narrativas. Siempre tenía un fondo crítico hacia el sistema” dice. Por lo tanto, no desaparece el mensaje social y político de sus obras mientras desarrolla esa inquietud por la innovación formal sobre todo a partir de los años 70. Se trata de “sacudir, emocionar e impactar al espectador con la fuerza de las imágenes, los textos, la música, el montaje…”. Es decir, “expresar de mil modos las ideas más radicales”. Confluyen, por lo tanto, dos formas de hacer cine porque las prácticas más experimentales resultaban inseparables de la voluntad de denuncia social.

El documental, una ficción construida a partir de la realidad

El documental como género que se abre paso hacia el conocimiento, como una herramienta de análisis y reflexión sobre la condición humana es una idea que Llorenç Soler toma de Roberto Rosellini, uno de sus referentes. En esa concepción del género no cabe la (imposible) objetividad, por lo que Soler alerta del error de confundirlo con la verdad. Todo documental es una ficción construida con elementos extraídos de la realidad: “Un documental no es la realidad, sino una imagen reproducida de la realidad. Y por lo tanto, fácilmente manipulable. La objetividad no existe en el documental”. El documentalista no es el portador de la verdad, sino que construye un discurso personal sobre la realidad. Por eso “no debemos tener mala conciencia si nuestra ideología se transparenta a traves de la pantalla”.

llorenc-soler-libro-3El documental es el género cinematográfico donde la posibilidad de manipulación de la realidad es más grande y menos perceptible por el espectador, según Llorenç Soler. En este sentido, el cineasta está convencido de que toda película, sobre todo el documental se construye en el montaje, una fase decisiva entendida como una “operación de corte y ensamblaje de planos que altera el significado del relato a voluntad del cineasta”. Es decir, el montaje como un proceso de manipulación y transformación de la realidad. Y es que “hasta los documentales más inocuos implican una ideología determinada por el punto de vista del autor”, escribía Soler. Por lo tanto, “hagamos que las películas sean  fieles a nuestra forma de ver la vida, a nuestra manera de interpretar la realidad. Que nuestros documentales sean beligerantes, agresivos y hasta demoledores, pero fieles a nosotros mismos”, dice un cineasta que también ha ejercido la docencia desde hace décadas y que interpela a las nuevas generaciones –con más posibilidades que nunca de grabar con libertad gracias a las tecnologías digitales- a través de unos textos escritos hace años que no han perdido su vigencia:

“¿Qué hacen hoy los jóvenes, en busca de la sombra protectora de la industria en lugar de lanzarse a la calle de cámara en mano lista para filmar —sin limitaciones, sin restricciones— todo aquello que mueve sus sentimientos y su protesta, todo lo que les causa indignación, todo lo que los emociona o incomoda y todo lo que necesitan expresar en libertad?”


llorenc-soler-libroLa idea de este post sobre Llorenç Soler nace después de revisar sus documentales disponibles en las redes y de leer tanto el libro que se le dedicó hace unos pocos años, La mirada comprometida, como sobre todo los dos libros anteriores que recogen su pensamiento sobre el cine: Llorenç Soler de J.M. García Ferrer y Martí Rom y Los hilos secretos de mis documentales del propio Soler. Esos textos del autor valenciano han servido para preparar este post, que tendrá continuidad con uno dedicado a su documental más conocido Francesc Boix, un fotógrafo en el infierno; y otro  a Helena Lumbreras, pionera del cine político en España.