La emigración según John Berger

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Fotografía de Jean Mohr en Un séptimo hombre, libro de John Berger publicado por Capitán Swing

Fotografía de Jean Mohr en Un séptimo hombre

La pobreza

De acuerdo con la ética capitalista, la pobreza es un estado del que el individuo o la sociedad pueden liberarse siempre que posean un espíritu suficientemente emprendedor. Ese espíritu emprendedor se determina mediante el criterio de la productividad y se considera un valor en sí mismo. Por consiguiente, para el capitalismo no es concebible que el subdesarrollo pueda ser una situación de pobreza insuperable, de la que no sea posible salir. Y, sin embargo, el capitalismo mantiene a casi la mitad del mundo precisamente en esa situación. Esta contradicción entre la teoría y la práctica es una de las razones por las que el capitalismo y sus instituciones culturales ya no son capaces de explicarse a sí mismos ni de explicar el mundo.

Gráfico de desplazamiento de trabajadores emigrantes en Europa

Gráfico de desplazamiento de trabajadores emigrantes en Europa

El emigrante

El trabajador emigrante acude a vender su trabajo allí donde la mano de obra escasea. Se le admite para que realice un tipo de trabajo determinado. Carece de derechos o atribuciones que no sean el de ocupar ese puesto de trabajo. Mientras lo ocupa, recibe un salario y alojamiento. […] Los emigrantes no emigran en calidad de hombres, sino en calidad de maquinistas, barrenderos, poceros, mezcladores de hormigón, empleados de limpieza, taladradores, etc. Ése es el significado de la emigración temporal. Para convertirse de nuevo en hombre (esposo, padre, ciudadano, patriota), el emigrante debe regresar a su lugar de origen. Al lugar del que se marchó porque en él no tenía futuro.

Llegan dispuestos a ofrecer su trabajo. Su fuerza laboral está lista para ser consumida. El país industrializado que les recibe, y cuya productividad se beneficiará de esa mano de obra, no ha tenido que compartir en ningún momento el costo de su creación […] En lo que respecta a la economía del país metropolitano, los trabajadores emigrantes son inmortales: inmortales porque son siempre intercambiables. No nacen, no tienen que crecer, no envejecen, no se agotan, no mueren. Tienen una sola función: trabajar. Todas las demás funciones de su vida corren por cuenta del país del que proceden.

Fotografía de Jean Mohr en Un séptimo hombre, libro de John Berger publicado por Capitán Swing

Fotografía de Jean Mohr en Un séptimo hombre

El capitalismo

La historia de los dos últimos siglos, dejando a un lado a sus apologetas, es pura y simplemente infernal. Resulta difícil aceptar que fue precisamente durante ese período cuando se abandonó el concepto de los poderes del Mal. Todo niño de la Europa desarrollada que acude a la escuela aprende algo, por muy falseados y llenos de prejuicios que puedan estar los textos escolares, sobre la historia anterior del capitalismo: el tráfico de esclavos, la Ley de Pobres, la explotación de mano de obra infantil, las condiciones imperantes en los centros de trabajo, el Harmagedón de 1914-1918. Frente a semejante currículum, el sistema afirma que ha evolucionado y que las inhumanidades del pasado nunca más podrán repetirse. Esta afirmación está implícita en todas las comunicaciones públicas: vivimos – nos enseñan- en un sistema democrático que respeta los derechos humanos. Los excesos del pasado fueron accidentales y no debidos a la naturaleza misma del sistema.

La mejora de las condiciones de vida y de trabajo, la seguridad social, la democracia parlamentaria, los beneficios de la tecnología moderna son aducidos como pruebas para reforzar la afirmación de que las inhumanidades del pasado fueron circunstanciales. En los centros metropolitanos, tal afirmación suele creerse. Las formas más crudas de explotación resultan invisibles allí, dado que tienen lugar en esos antípodas que son el Tercer Mundo. Esos antípodas son culturales además de geográficos. Una bidonville situada en las afueras de París pertenece a tales antípodas. Los emigrantes que duermen enterrados en sótanos también forman parte de ellos. Están ahí, pero no se les ve.


un-septimo-hombre-john-berger-capitan-swing“El exilio, o mejor la emigración, son las experiencias fundamentales del siglo XX”, decía John Berger en una entrevista tras la publicación de Un séptimo hombre por la editorial Huerga y Fierro en 2002 de un libro escrito en 1973. Reeditado ahora por Capitán Swing, este ensayo sociológico y reportaje periodístico -que también incluye poesía- describe la experiencia de la emigración en Europa. A las palabras de John Berger se suman las fotografías de Jean Mohr que ilustran las condiciones de vida de los migrantes llegados del sur del continente en los años 70.

Un séptimo hombre parecía en su día una especie de intervención política en la sociedad y la economía, pensábamos que era un panfleto muy práctico” según Berger. Escrito con el propósito de iniciar un debate político y de alentar “la solidaridad internacional de la clase obrera”, el libro se topó entonces con la indiferencia de la prensa y el rechazo de la crítica.

Que este “álbum de familia de la emigración” no ha perdido vigencia, lo corrobora Berger en el prólogo de la edición de 2002: “tengo la impresión de que el libro es hoy más incisivo, más apasionado y más conmovedor que cuando se publicó por vez primera”. Ahora los pobres son más pobres, persiste la explotación laboral de los trabajadores migrantes y “la actual concentración de poder económico mundial es más intensa que cualquier otra conocida a los largo de la historia”.

 

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