Francesc Boix, un fotógrafo en el infierno nazi

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Imagen de la llegada de las tropas norteamericanas al campo de concentración de Mauthausen

Liberación del campo de concentración de Mauthausen (Austria) el 5 de mayo de 1945

Nuremberg, 28 de enero de 1946. El testimonio de un joven republicano español impresiona al tribunal internacional que juzga a los responsables del Tercer Reich por crímenes contra la humanidad. Francesc Boix, testigo de la acusación, describe el funcionamiento del campo de Mauthausen mientras se proyectan unas fotografías que él mismo había sustraído a los nazis en colaboración con otros compañeros. En su intervención, Boix detalla la máquina del terror nazi: el proceso de construcción del campo, los trabajos forzados hasta la muerte de los presos-esclavos y el exterminio inmediato de parte de los deportados que llegaban al campo.

La declaración de Francesc Boix en Nuremberg es una historia de vida -de la lucha por sobrevivir en un campo de exterminio- y sobre todo de muerte, de convivir con las 35 formas de morir en Mauthausen contabilizadas por el preso Ernst Martin. En su relato Boix no sólo da cuenta de la masacre de prisioneros de las más diversas nacionalidades, también reconoce entre los acusados a las autoridades nazis que visitaban el campo en ocasiones especiales, eventos que los alemanes siempre registraban en colecciones fotográficas. De los 200.000 presos que pasaron por Mauthausen, murió casi la mitad. Y de los 7.000 españoles internados, sobrevivió menos de un tercio.

El fotógrafo Francesc Boix vivió 4 años como prisionero en Mauthausen. Como los guardias de las SS documentaban todo lo que pasaba en el campo a través de la fotografía, destinaron a Boix al Servicio de Identificación con la función de revelar los negativos en el laboratorio. Conscientes del valor documental de aquellas imágenes, Boix y otros prisioneros españoles robarían esos negativos para ocultarlos fuera del campo gracias a la complicidad de Anna Pointner, que vivía en el pueblo de Mauthausen. Más tarde esas imágenes serían una prueba en los juicios contra los genocidas alemanes. Al acabar la guerra, Boix pudo recuperar esas fotografías, además de desplegar una actividad intensa como reportero en los días posteriores a la liberación del campo por los norteamericanos.

Una vida de compromiso contra el fascismo

Retrato del fotógrafo Francesc BoixFrancesc Boix era un tipo inquieto, audaz y de espíritu aventurero, según quienes le conocieron. Barcelonés del barrio de Poble Sec, su vocación fotográfica nace en la infancia gracias a la afición de su padre. De familia catalanista y de izquierdas, Boix se implicó desde muy joven en las actividades de las juventudes comunistas, para las que realizó sus primeros trabajos fotográficos. Más tarde llegaría su participación como combatiente republicano en la guerra civil, de la que apenas existen datos. Tras la caída de Barcelona, Boix se exilia en Francia. Y como tantos otros republicanos, será utilizado como mano de obra en los campos de trabajos franceses. Era la antesala del infierno. Porque con la invasión alemana de Francia, cae en manos del régimen nazi como prisionero de guerra.

Después de la II Guerra Mundial, Boix se traslada a París, donde trabaja como fotoperiodista para algunos medios cercanos al Partido Comunista Francés al mismo tiempo que trabaja por la difusión de las fotos recuperadas de Mauthausen. Con muchos problemas de salud tras 4 años en el campo de concentración, aprovechaba las épocas en las que debía guardar reposo para preparar un libro sobre su experiencia en el campo de Mauthausen. Francesc Boix muere en 1951 sin que se hayan encontrado jamás sus escritos ni se haya sabido nada más sobre esas memorias.

Rescatando a Francesc Boix del olvido histórico

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“Sólo el proceso de Nuremberg permite poner un nombre y un rostro a esa persona… para volver a caer muy pronto en el olvido”,  escribia el historiador Benito Bermejo. Francesc Boix fue el único español que declaró en los juicios de Nuremberg contra los jerarcas nazis. Montserrat Roig ya le mencionaba en su fundamental Els catalans als camps nazis, pero el valor de su testimonio no se recupera hasta que el cineasta Llorenç Soler, el productor televisivo Oriol Porta y el propio Benito Bermejo le rescatan del olvido con el documental Francesc Boix, un fotógrafo en el infierno (2000), una obra de éxito en los festivales y las televisiones donde se proyectó.

Sobre Boix, Llorenç Soler decia que era un “personaje novelesco, poseedor de una apasionante y vertiginosa vida agotada a los treinta años”. El documental de Soler es el resultado de una búsqueda meticulosa de la que se encargó Bermejo. Al no existir apenas documentación sobre Boix, su investigación se centró en las entrevistas con aquellos que le conocieron. Bermejo preguntaba, Soler filmaba aquellas conversaciones. Y como el documental se realizó tras el genocidio de las guerras de los Balcanes, Soler se planteó la película como un revulsivo, una “mirada al pasado cargada de intención didáctica hacia el presente y una advertencia frente al futuro”. Un grito contra el fascismo en Europa, que no ha perdido su vigencia.

Dos años más tarde Bermejo publica el libro que reconstruye la vida del fotógrafo y que recoge muchas de las imágenes rescatadas. “Él merecía esta investigación” explica Bermejo en su libro. De Boix también dice que debemos evitar atribuirle rasgos sobrehumanos porque “basta con su papel en la conservación de unos documentos excepcionales sobre la tragedia que él y sus compañeros vivieron”. Que el olvido histórico ha quedado reparado y que, por fin, el fotógrafo tiene el reconocimiento que se merece lo demuestran la reciente publicación de El jardín de la memoria de Lea Vélez, el estreno de la obra teatral El triángulo azul del Centro Dramático Nacional y la recuperación de las fotografías que tomó Boix durante la guerra civil.


Francisco Boix, un fotógrafo en el infierno (Llorenç Soler, 2000)

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